Parodia ottonis en un pastizal

Cuando llegamos a visitar a un habitat de cactus, a veces nos llevamos una sorpresa. A pesar de conocer exactamente el lugar, muchas veces sucede que no los volvemos a encontrar. Otras veces demora un buen tiempo hasta acostumbrar a la vista a las condiciones del suelo, sus colores y formas. Luego de haber encontrado al primero, nos resulta más fácil encontrar a otros.

Gymnocalycium pflanzii en el bosque chaqueño

Esto pasa cuando se trata de especies de cactus que se han adaptado tan bién a su entorno, en respecto a colores y formas, que se asemejan a éste de tal manera que que se confunden con las hojas, ramas y piedras. Cuanto más densa es la vegetación, más dificilmente se los encuentra. Esta adaptación proviene de un sistema de protección que adoptan muchos seres del reino animal y vegetal para evitar ser comido. Hay muchos cactus globulares que se encuentran en

Gymncalycium mihanovichii, cubierto de arena

el menú preferido de roedores, venados, cerdos salvajes (como el taguá por ejemplo) y algunas especies de aves. Con este “camuflaje” logran ser casi invisibles, en especial durante épocas de sequía cuando algunas especies desaparecen practicamente debajo de la arena.

Gymnocalycium friedrichii en el bosque chaqueño

Los más difíciles de encontrar son, sin duda alguna, las especies de Gymnocalycium y Frailea de los bosques secos del Chaco. Los árboles y arbustos filtran la luz solar y proyectan sombras sobre el suelo. También suelen haber muchas Bromelias y hojas de colores verde, gris, marrón y amarillento que crean un ornamento confuso y los pequeños

Cereus stenogonus, "escondido" por una columna 🙂

Gymnocalycium simulan este mismo ornamento con el color y la forma de sus costillas. Muchas veces hay que quedarse un tiempo parado o sentado en el lugar para poder descubrirlos.

En épocas de floración es mucho más fácil de verlos, pero no siempre tenemos la suerte de encontrar a un cactus en flor!

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